¿Donde quedaron los Libreros?

Publicado: 31 julio, 2012 en Arquitectura

Ahora que recuerdo, en la Facultad de Arquitectura nunca nos enseñaron a diseñar un librero, lo cual no tendría que asombrarme pues la carrera en definición, es el arte de diseñar y construir edificios; no de muebles. Sin embargo, entre diseñar y proyectar, hay una línea muy sutil que nos puede confundir. Si bien es cierto no diseñamos el mueble como tal, si debería ser una tarea proyectar el espacio en donde se colocará un librero.

Hago esta reflexión porque indudablemente el área que se deja para colocar libreros ha desaparecido de nuestros proyectos. ¿Cuál es la razón? básicamente son dos aspectos. La primera es el hecho de que no se da la importancia que merece este espacio y la segunda porque la forma en la que ahora distribuimos los espacios, ha cambiado. Obtener el mayor provecho del espacio no significa eliminar muebles y esto pareciera que es la nueva escuela del diseño. Por otra parte, los espacios se han reducido también y esto no es producto de la casualidad, es una respuesta a la creciente e inalcanzable demanda de viviendas que hay en el país. Construir más casas en menos espacio.

En esa carrera de optimizar el espacio, se han reducido las medidas de los muebles y algunos hasta han desaparecido como por ejemplo el librero. Desde casas residenciales y departamentos de lujo hasta casas de interés medio y social, se ha perdido este mueble. Lo triste de este tema es que quizás ya no necesitemos ese mueble y su tendencia sea a desaparecer.

Hemos dejado de proyectar libreros no porque no haya espacio, sino porque esta claro que los mexicanos no leemos y por ello no necesitamos un estante para colocar libros. No hablo de que esto sea así en todos los casos, pero sí en un gran porcentaje. Hablando por ejemplo de casas de interés social, de las que se construyen un millón cada año, no hay prototipos en donde se marque el espacio para colocar un librero, de hecho las Casas Muestras en donde el cliente se puede dar una idea de como acomodar sus muebles, carecen de libreros. Este mueble no es una opción para tener en tu casa, no porque no haya lugar, sino porque no es necesario y además lo de hoy es el “minimalismo”.

Colocar un librero no requiere de grandes espacios, un librero puede ir abajo de las escaleras, arriba de los sillones, abajo de las barras de desayunador, casi en cualquier lado; sin embargo, hemos optado por no proponerlo e inclusive dejar el muro limpio y libren en homenaje al “minimalismo”. Si los arquitectos no proponemos espacios para construir libreros, lo más probable es que el cliente nunca lo ponga.

Tampoco digo que las paredes se deban decorar con libros, pues como dice el blogero Dwight Garner , es preferible tener una cabeza bien amueblada que una bonita pared con libros.

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La Ley General de Cambio Climático es un decreto presidencial que ha colocado a México en el segundo país que establece leyes para controlar los gases que emite. En el marco del día internacional del medio ambiente, el presidente Felipe Calderón ha decretado esta nueva ley como muestra del compromiso que tiene el país para aminorar la emisión de gases efecto invernadero. La ley que fue aprobada por las dos cámaras, es digna de celebrarse no solo por las metas que establece sino por la importancia de contar con un marco legal en esta lucha por reducir los contaminantes.

La historia de México en temas de sustentabilidad y cuidado al medio ambiente es reciente, para ser exactos fue en el 2007 cuando se establece por primera vez una estrategia nacional para el enfrentamiento del cambio climático  en la que México se compromete a reducir 51 millones de toneladas de dióxido de carbono para el 2012.  por otro lado, en el 2009 se estableció la Ley General del Equilibrio Ecológico y Protección al Ambiente, de esta forma, quedan asentada la importancia que el país tiene en este tema fundamental. Posteriormente y como resultado de estos programas han surgido una variedad extensa de normas enfocadas principalmente a reducir los contaminantes y consumos energéticos como por ejemplo las normas de sustentabilidad para la construcción que puedes ver aquí. Ahora bien, los programas y leyes que se han establecido no han sido suficientes según el congreso y por ello antes de modificar o reformar las leyes ya existentes, el mismo congreso considero prudente crear otra ley. Para este punto, ya no hay pretextos ni políticas que no alcancen para lograr un desarrollo sustentable.

Según registros internacionales México ocupa el décimo lugar en emitir dióxido de carbono de 178 países que están registrados. ¿Preocupante no? es por ello que del los 51 millones de toneladas que se fijaron como meta reducir, se ha avanzado el 87% es decir, se han dejado de emitir 44.5 millones de toneladas de bióxido de carbono respecto a la meta que se hizo en el 2009. Ahora que estamos muy cerca de que se venza el plazo y se cumpla la meta, el gobierno ha fijado nuevos compromisos. En esta Ley General de Cambio Climático, el gobierno se ha comprometido a reducir el 30% de sus emisiones en los próximos 8 años y el 50% para el 2050 en relación a las emisiones que se produjeron en el 2000. Así mismo, en esta nueva ley prevé que para el año 2024, el 35% de la energía utilizada provenga de fuentes renovables, se desestimule el uso de combustibles fósiles, se creé un sistema de transporte público sustentable y el manejo de residuos solidos para alcanzar tasa cero de deforestación en el país. Estos son compromiso que requieren el soporte de programas, instituciones, estrategias y protocolos a seguir durante los próximos años.  Para ello se creará el Instituto Nacional de Ecología y Cambio Climático (INECC), y como no puedes controlar algo que no registras, se crea también el Inventario Nacional de Emisiones y el Registro Nacional de Emisiones así como la creación de un Fondo para el Cambio Climático. Aquí puedes leer completa La Ley General del Cambio Climático.

Con esta nueva ley que entró en vigor el 06 de Junio de este año, México se ha colocado en el segundo país solo después del Reino unido en tomar fuertes medidas y legislaciones ambiciosas e integrales sobre el cambio climático. El trabajo ya esta hecho y por el momento solo queda su cumplimiento ya que como dice el experto en políticas públicas Juan Bezaury “Somos bastante buenos redactando leyes, pero el problema es su cumplimiento posterior”.

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Dice un proverbio chino que si tuvieras 10 horas para tirar un árbol, te asegures de tomar 7 para afilar el hacha. Planear y organizar ciudades es  el objetivo principal del urbanismo y en ese ejercicio, muchos urbanistas han desarrollado teorías y modelos de ciudades, algunos criticados por su fracaso  y otros elogiados por su éxito.  Dentro de los más famosos modelos de urbanismo encontramos el desarrollado por Frank Lloyd Wright cuando planeo las ciudades americanas en conjuntos residenciales que se comunicaban por medio de avenidas pues en aquella época el automóvil era el motor principal para planear una ciudad.

Ciudad de Nueva York

Vancouver

Vancouver

Distrito de British Columbia, Vancouver

Vancouver es una ciudad que empezó a desarrollarse a mediados del siglo XX, pero fue en 1955 cuando el canadiense Arthur Erickson convirtió aquella modesta urbe situada al borde de Canadá en un ejemplo de urbanismo de calidad. Erickson creía que la ciudad tenía que crecer en forma vertical ya que después de haber estudiado los edificios de todo el mundo gracias a una beca que obtuvo, aprendió que la forma más eficiente para crecer de una ciudad era hacia lo alto y no a lo ancho. Erickson no era el único que sostenía esta teoría y gracias a los avanzadas estudios y experiencia en la construcción de edificios, ciudades como Nueva York y Detroit se llenaron de edificios en menos de tres décadas.

Lo trascendente del modelo de urbanismo que Erickson planteo, se debe a la elegancia magistral con la que dispuso los edificios. en 1963 construyó la universidad Simon Fraser British Columbia, dos años después, construyó lo que es hasta nuestros días un ícono arquitectónico, el edificio MacMillan Blodel y en 1970 el centro cívico Robson Square. Este modelo se transformo en una filosofía conocida como Vancouverismo. Su plan 56 sigue siendo una impresionante visión de una ciudad de rascacielos en la que los edificios no están apiñonados unos junto a otros como en Nueva york, sino elegantemente dispuestos en el espacio que complementa la belleza natural de la ciudad.

Vancouverismo es una filosofía del urbanismo que se diferencia por los espacios abiertos, rascacielos altos y esbeltos que ofrecen varías vistas y una gran abundancia de transportes públicos sin incorporar el automóvil como elemento principal de la movilidad pues como sabemos el uso excesivo del automóvil contamina las ciudades y enferma a sus habitantes. Siguiendo los pasos de Erickson, han llegado arquitectos como James Cheng quien construyó más de 20 edificios de más de 20 plantas desde 1995 como el edificio Living Shangri-La de usos mixtos y el más alto de Vancouver que ayuda a abreviar los trayectos laborales y garantiza que el centro de la ciudad no este desierto por las noches. Desde entonces, Vancouver ha seguido construyendo hacia arriba y lo hace bien, con suficiente distancia entre los edificios para que pueda penetrar en ellos la luz y dispongan de vistas y abundantes espacios abiertos.

Erickson es considerado el padre del Vancouverismo y se ha vuelto un icono nacional, las autoridades de Canadá lo han mencionado como el mayor arquitecto que nunca haya existido de ese país. Su modelo de planeación y organización de la ciudad, se volvió una filosofía del urbanismo convirtiendo de esta forma a Vancouver en una de las tres ciudades con mayor calidad de vida en todo el mundo.

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Desde hace algún tiempo, me propuse ser un ciudadano responsable con el cuidado y respeto al medio ambiente. Después de saber del daño que nuestras malas acciones provocan al planeta, decidí hacer algunas buenas en pro del medio ambiente. Empecé por algunas acciones básicas como instalar inodoros, regaderas y llaves ahorradoras de agua, focos ahorradores de luz y utilizar la bicicleta como medio de transporte todo para contribuir al ahorro de recursos naturales y cuidar el planeta. Desafortunadamente, al salir del fraccionamiento en el que vivo y ver que las luminarias de las calles y de algunas casas −incluyendo la mía− siguen encendidas a pesar de que ya hay suficiente luz del día o llegar a la oficina y activar el interruptor que enciende ocho luminarias cuando en realidad necesito solo una −la de mi área de trabajo− hacen que mis modestas acciones por reducir mis consumos de energía se vean frustradas.

Todos sabemos que utilizar focos ahorradores es una medida que reduce el consumo de energía y que beneficia nuestra economía, de hecho, es muy raro encontrar una luminaria con un foco incandescente de 100 watts, pues la producción de estos se ha reducido y tienden a desaparecer del mercado. A pesar de que usamos lámparas ahorradoras ó con tecnología LED, seguimos consumiendo más energía y esto se debe básicamente a que no podemos controlar las áreas de iluminación que deseamos ocupar. Se estima que el 40% de energía que se utiliza en un edificio se consume en iluminación. No poder controlar con exactitud las áreas de iluminación que deseamos usar es tan grave como olvidar apagar la luz de un balcón ó de un fraccionamiento completo.

Si eso sucede en una casa habitación, evidentemente los alcances son mayores en una industria o un edificio. Afortunadamente, existen en el mercado sistemas integrales que permiten controlar la cantidad de iluminación que se requiere en el lugar y momento preciso. Usar lámparas ahorradoras ya no es suficiente, el siguiente paso es instalar un sistema que controle de forma automática la iluminación. Los sensores de movimiento son un ejemplo de ello. También existen sistemas en los que se programa el encendido y apagado de luminarias a horas específicas o mejor aún, en función de la cantidad de luz natural que haya. Existen sistemas que se controlan desde una conexión remota que ayudan a controlar y vigilar el consumo de energía, estos sistemas de conexión remota son una herramienta muy útil y necesaria en un edificio o en una industria donde hay grandes áreas que controlar. Reducir el uso innecesario de energía es una forma no solo de contribuir al cuidado del medio ambiente sino también de reducir los costos de consumo y operativos hasta en un 60 por ciento.

Los arquitectos debemos ser responsables de considerar estas soluciones al momento de diseñar y especificar las nuevas tecnologías para aprovechar al máximo los beneficios que nos brindan, ya que no sólo ahorras optimizando la iluminación, sino que también representa ahorros en mantenimiento. Otra ventaja de estos sistemas es que son flexibles, simples y no representan muchos cambios en la instalación existente en caso de remodelaciones.

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Publicado: 22 mayo, 2012 en Arquitectura, Economía
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Tener una propiedad privada, es un derecho que todos tenemos, al igual que tener un trabajo, una educación, libertad de expresión, libertad física y otros derechos que están asentados en la Carta de Derechos Humanos garantizados por la constitución política de nuestro país. En México, el derecho a la propiedad es un acto que se ha ejercido desde épocas prehispánicas. Para asombro de los españoles, nuestros antepasados tenían muy claro el sentido y la importancia de la propiedad. Ellos sabían que la forma para obtener un bien era mediante la concesión real ya fuera por contrato o por herencia.

Tristemente, los esclavos eran los únicos que no podía tener una propiedad y aunque sus condiciones de vida eran tolerantes pues vivían el las tierras de sus amos labrándolas para ellos y para si, prestaban servicios personales en la casa, podían casarse y a su vez comprar esclavos que les sirvieran a ellos, no tenían derecho a tener una propiedad, antes bien, ellos eran considerados bienes muebles sobre los que se tenía el derecho de propiedad.

En nuestros días, tener un bien inmueble a demás de ser un derecho, es un ingrediente fundamental de estabilidad y de crecimiento económico, no solo de forma individual sino también como sociedad. La propiedad implica lo que los juristas llaman el “Derecho a usar, a disfrutar y a consumir de un bien”. Ahora bien, ese derecho debe estar respaldado por garantías y como decimos los mexicanos “papelito habla”. Imaginen por un momento que cualquiera pudiera despojarnos de lo que es nuestro, una sociedad en la cual nadie sabe lo que es de cada quien, en esas condiciones se dificultaría el comercio, el ahorro, la inversión y por lo tanto el crecimiento.

Las escrituras, títulos y acciones son indispensables para que los inmuebles sean usados como instrumentos de ahorro, garantía e inversión y eso también lo sabían los pueblos prehispánicos. Para hacer constar la propiedad, pintaban planos que les servían de escrituras, en los cuales tomaban como referencia un cerro, rio u otra señal y se observaba que los terrenos se trazaban en cuadriláteros iguales, señalando a los propietarios con sus signos jeroglíficos.

Tener una propiedad documentada representa un derecho y una oportunidad para cuidar e invertir en aquello que tenemos la certeza de que es nuestro, que será respetado y del que nadie podrá despojarnos. En nuestro país existen los llamados terrenos ejidales, que son porciones de tierra no cautivas y de uso público. Antes de la reforma al artículo 27 constitucional, las tierras ejidales eran propiedad de la nación y los campesinos solo tenían derecho a trabajarlas. Con la reforma a la ley agraria, ahora los terrenos ejidales son susceptibles de ser vendidos y pasar a ser propiedad privada. Aún así, existen muchas casas que no pueden comprobar la propiedad por falta de documentos legales, hay familias que tienen casas, pero no títulos. El éxito de que muchos países progresen económicamente se debe a las garantías de propiedad. Sin garantías a la propiedad es difícil lograr el crecimiento económico.

Tener una propiedad es también tener la facultad para decidir el destino de un bien. Si se quiere incentivar el crecimiento de un país, no solo se debe garantizar el derecho a la propiedad, sino también documentarla.

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Publicado: 15 mayo, 2012 en Arquitectura, Ecomonía
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¿Por qué es tan difícil para los habitantes de la Ciudad de México transportarse de un lugar a otro en sus automóviles? aunque la pregunta parece llevar implícita la respuesta, a los urbanistas, economistas, arquitectos y sociólogos les ha tomado más de 10 años estudiar el tema a fondo. Los estudios y las conclusiones a las que han llegado son muchas y con ello se genera una serie de opiniones encontradas respecto a ¿Por qué se genera el tráfico? y ¿Cuál es la mejor manera de solucionarlo?

Una de las virtudes que la ciudad tiene, es comunicar a la gente, pero esa virtud se ve opacada en cuanto las vías de comunicación son rebasadas por sus usuarios y aparece el tan aborrecido congestionamiento vial, las ciudades y sus habitantes se enferman de estrés, contaminación y enfermedades respiratorias. Los consumos de combustibles aumentan y con ello las emisiones de CO2. El congestionamiento vial puede convertirse en otro talón de Aquiles que puede paralizar a una ciudad y generar miles de millones de pesos en horas-hombre pérdidas en el tráfico.

Ya sea porque tenemos una mejor economía, mejores vías de comunicación, caminos más seguros, créditos accesibles para comprar un carro o por necesidades de traslado; cada vez hay más carros en las calles, tan solo en el Distrito Federal, el parque vehicular aumenta un 6% cada año. Ante tal problema, la solución mañosa de muchos gobiernos ha sido construir más y más carreteras, y digo mañosamente porque construir una súper vía o segundos niveles, son obras espectaculares que forzosamente se ven y de las cuales los gobernantes reciben la gloria de haber construido, pero esta comprobado que por cada nueva autopista, distribuidor vial o puente que se construye se genera más tráfico. Para dar solución a este problema, se tiene que atacar el problema de raíz.

En principio, el problema del tráfico, refleja claramente la imposibilidad de saciar la demanda de todo aquello que es gratuito. Las calles son utilizables cuando la gente no las utiliza en exceso. La forma en la que hemos sido educados supone que transitar por las calles es un derecho que tenemos todos y que hasta esta garantizado en la carta magna, pero esto no es así. La mejor forma de reducir el caos vial, fue una idea de William Vickrey, un premio nobel de economía de origen canadiense. básicamente su planteamiento parte de que los conductores de vehículos particulares no podrían costear manejar por las ciudades, si realmente conocieran el costo que esto implica. Si bien es cierto, cuando manejamos sabemos lo que nos cuesta la gasolina, la depreciación del automóvil y hasta el tiempo que perdemos para transportarnos, no conocemos el monto total de nuestra acción (a lo que los economistas llaman externalidad) no tenemos en cuenta la congestión que creamos y el costo que imponemos a los demás conductores y en consecuencia abusamos de la utilización de las vías de comunicación pues son gratuitas, la solución según Vickrey es cobrarle al conductor por todos los servicios y por el impacto que su vehículo ejerce sobre el resto de los usuarios.

Cobrar al conductor por utilizar las vías públicas no es una novedad, ciudades como Singapur o Londres utilizan un sistema electrónico y sofisticado que garantiza que el trafico urbano este libre de embotellamientos. La construcción de un segundo piso en periférico puede estar plagada de buenas intenciones según la página del Fideicomiso para el Mejoramiento de las Vías de Comunicación del distrito Federal, pues reduce los costos de infraestructura ya creada, aprovecha el derecho de piso ya existente, redistribuye el tráfico, ahorra millones de dólares en horas perdidas por transportación y consumo de combustibles, no produce impacto ambiental, disminuye el estrés, mejora la salud de los habitantes, reduce las emisiones de CO2, estimula el uso de transporte público y aprovecha el uso de suelo. Todos estos “beneficios” fracasan si no se cobra un peaje por el uso e impacto de este servicio. El problema de hacer esto es que políticamente no es atractivo, imponer cuotas por transitar en las vías públicas puede ser impopular y ningún político lo va a permitir a menos que como ciudadanos estemos consientes que utilizar nuestro carro implica necesariamente un gasto y una externalidad que debemos pagar. Pagar por tener un vehículo, fue un razonamiento incorrecto que pareció ser correcto durante mas de 20 años en el país, por ello ahora, varios gobiernos que se han dado cuenta del error, han optado por eliminar el impuesto de la tenencia. Pagar por circular en vialidades conflictivas en horas pico y por generar caos vial, si es un razonamiento correcto.

Después de varias décadas, Vickrey tenía razón, la construcción de más carreteras casi nunca elimina las demoras en el tráfico, pero el cobro por congestión sí. La lucha contra la congestión no es una cuestión de convivencia, sino una necesidad para garantizar que la ciudad cumpla con su función más básica: congregar y comunicar a las personas.

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Publicado: 8 mayo, 2012 en Economía, Urbanismo
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Hace unos días terminé de leer “El Triunfo de las Ciudades” de Edward Glaeser, en casi 400 páginas y 100 de notas y referencias biográficas, el economista estadounidense rompe con los mitos y mala reputación que han adquirido las ciudades al considerarse centros de caos,contaminación y poca o nula calidad de vida. Partiendo de la primicia que en nuestros días más de la mitad de la población mundial vive en ciudades, Edward Glaeser hace un estudio detallado y bien soportado en el que demuestra desde el punto de vista económico que las ciudades son los lugares más sanos y ricos para vivir.

Debo decir que es un libro muy interesante y de fácil lectura inclusive para aquellos que no están familiarizados con temas de economía, arquitectura y urbanismo, pero que si debería de ser un básico obligado para los servidores públicos que pretenden planear y organizar nuestras ciudades. Quienes leen este libro entienden claramente los fenómenos de migración, pobreza, congestionamiento vial, educación y crecimiento de las ciudades. Para los ecologistas puede ser un libro de mucha polémica especialmente para aquellos que defienden la baja densidad de población en las zonas urbanas como Henry David Thoreau uno de los pioneros ambientalistas. También es un libro de debate para los conservacionistas que se aferran a mantener reliquias arquitectónicas por su significado histórico y con ello frenan la transformación y el crecimiento de las ciudades. Para que una ciudad crezca y se transforme, a veces es necesario destruir una parte de ella dice Edward Glaeser.

Las ciudades nos hacen más ricos, más inteligentes, más ecológicos, más sanos y más felices. Los últimos censos muestran que las personas que viven en una ciudad ganan el 30 por ciento más que sus homólogos de provincia. Existen mejores oportunidades de educación y de formación profesional. En promedio, un año de estudio extra o especialización representa un aumento del 10% de sueldo en las ciudades. Las ciudades densamente pobladas, son más ecológicas incluso que muchas “ciudades verdes” en razón al menor consumo de combustible utilizado para mantener templadas las casas y al menor consumo de gasolina requerido para transportarse a trabajos. Dice Edward Glaeser que las ciudades son más ecológicas que las zonas rurales en razón de la cantidad de áreas naturales que se protegen al no utilizarlas con fines de expansión de vivienda, pues como les comentaba en otro blog, construir verticalmente es más ecológico. Vivir en una ciudad es más sano que vivir en el campo si se consideran las condiciones insalubres que puede haber en aldeas donde proliferan las enfermedades y focos de infección. Lejos de lo que todos pensamos, vivir en ciudades hace a la gente más feliz según, la avalancha de atracciones, servicios y lugares de recreación a las que los ciudadanos están expuestos en las ciudades son enormes. Las ciudades nos permiten hacer amigos con intereses comunes. La desproporcionada población soltera de las ciudades constituye un mercado matrimonial que facilita la tarea de encontrar pareja. Las ciudades atraen de forma abrumadora a gente joven, porque son buenos lugares para trabajar duro y adquirir conocimientos, además son lugares divertidos para ser joven y soltero.

Después de vivir 37 años en New York y viajar alrededor del planeta para documentar cómo piensa y vive la gente tanto en ciudades como en barrios, el economista de Harvard y bloguero del New York Times, cree que vivir en zonas urbanas es la solución a muchos problemas mundiales. Puede ser un libro lleno de obviedades para algunos y discutible en muchos aspectos para otros, pero a mi parecer, Edward Gleaser acaba de escribir con argumentos muy sólidos uno de los libro que servirán de guía para los urbanistas de hoy y del futuro. Después de leer este libro que es absorbente e interesante en cada una de sus páginas, caminas por las calles de las ciudades entendiendo ¿Cómo y por qué funcionan las ciudades?.

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Publicado: 17 abril, 2012 en Arquitectura, Ecología, Ecomonía, Urbanismo
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