La destrucción ¿reactiva el sector de la construcción?

Publicado: 6 marzo, 2012 en Arquitectura, Economía

Las demoliciones controladas de edificios para construir nuevos edificios son una actividad característica de ciudades en crecimiento. Ya sea para ganar territorio, recuperar áreas o rediseñar zonas, los urbanistas y antropólogos se enfrentan a grandes dilemas cuando se trata de abrir paso entre generar el avance de una sociedad y preservar el patrimonio arquitectónico de la misma. Finalmente después de estudios y un balance entre ventajas y desventajas se puede acordar la demolición de ciertos edificios en beneficio de un avance social. Pero ¿qué sucede cuando esta destrucción no es programada? me refiero a cuando hay una destrucción por elementos naturales.

Los desastres naturales y accidentales ocurridos en nuestro país, han dejado un momento para la reflexión y el estudio de los barrios, de las colonias y las formas de vida de un sector específico de la población. Después del terremoto de 1985 en la Ciudad de México, surgió una obligada reconstrucción de la misma. Las explosiones de San Juanico o las de Guadalajara en 1984 y 1992 respectivamente también permitieron el reordenamiento de la ciudad. En el 2005 el huracán Wilma destruyó parte del sureste de México, Cancún, Cozumel, Playa del Carmen y gran parte de la Rivera Maya. Los desastres naturales o accidentales si reactivan el sector de la construcción pero no de una forma duradera.

En su libro “Propiedad y Desarrollo Sustentable”, Luis Pazos dedica parte de un capítulo para explicar que las guerras, los huracanes y los desastres naturales no generan ninguna reactivación económica ni duradera y para demostrarlo, cita el ejemplo del economista francés Frédéric Bastiat. Bastiat cuenta la historia de un joven que rompe con un piedra la vitrina de una panadería. Gracias a que la rompió -comentan algunos economistas- tendrán trabajo el fabricante de vidrios y quien los coloca. La destrucción tiene su lado positivo -dicen-, pues reactiva un sector de la economía. Bastiat señala que esos razonamientos son propios de los malos economistas que solo toman en cuenta lo que se ve los empleos que se crean para reponer el vidrio, pero no los que se dejaron de crear si el panadero hubiera invertido ese dinero en otro producto o servicio. Si no hubiera habido esa destrucción, además de tener el vidrio podría haber comprado un traje o un horno para hornear más pan, lo que implica bienes adicionales para la comunidad y creación de empleos. En este caso, hay más riqueza y crecimiento económico, mientras que en el otro solo hay reposición de lo destruido.

Las guerras y guerrillas pueden generar utilidades adicionales para algunas compañías, pero el saldo para la sociedad es negativo. Las inundaciones y los terremotos además de cobrar vidas humanas, tienen un costo económico más alto para la mayoría de los miembros de una sociedad que cualquier beneficio que pudiera obtener un determinado grupo en la reconstrucción.

Pensar que las destrucciones reactivan la economía es caer en una falacia, en un razonamiento incorrecto que aparenta ser correcto.

Nos vemos en Twitter @cesar_hrg

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