La polémica de los segundos pisos

Publicado: 8 mayo, 2012 en Economía, Urbanismo
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¿Por qué es tan difícil para los habitantes de la Ciudad de México transportarse de un lugar a otro en sus automóviles? aunque la pregunta parece llevar implícita la respuesta, a los urbanistas, economistas, arquitectos y sociólogos les ha tomado más de 10 años estudiar el tema a fondo. Los estudios y las conclusiones a las que han llegado son muchas y con ello se genera una serie de opiniones encontradas respecto a ¿Por qué se genera el tráfico? y ¿Cuál es la mejor manera de solucionarlo?

Una de las virtudes que la ciudad tiene, es comunicar a la gente, pero esa virtud se ve opacada en cuanto las vías de comunicación son rebasadas por sus usuarios y aparece el tan aborrecido congestionamiento vial, las ciudades y sus habitantes se enferman de estrés, contaminación y enfermedades respiratorias. Los consumos de combustibles aumentan y con ello las emisiones de CO2. El congestionamiento vial puede convertirse en otro talón de Aquiles que puede paralizar a una ciudad y generar miles de millones de pesos en horas-hombre pérdidas en el tráfico.

Ya sea porque tenemos una mejor economía, mejores vías de comunicación, caminos más seguros, créditos accesibles para comprar un carro o por necesidades de traslado; cada vez hay más carros en las calles, tan solo en el Distrito Federal, el parque vehicular aumenta un 6% cada año. Ante tal problema, la solución mañosa de muchos gobiernos ha sido construir más y más carreteras, y digo mañosamente porque construir una súper vía o segundos niveles, son obras espectaculares que forzosamente se ven y de las cuales los gobernantes reciben la gloria de haber construido, pero esta comprobado que por cada nueva autopista, distribuidor vial o puente que se construye se genera más tráfico. Para dar solución a este problema, se tiene que atacar el problema de raíz.

En principio, el problema del tráfico, refleja claramente la imposibilidad de saciar la demanda de todo aquello que es gratuito. Las calles son utilizables cuando la gente no las utiliza en exceso. La forma en la que hemos sido educados supone que transitar por las calles es un derecho que tenemos todos y que hasta esta garantizado en la carta magna, pero esto no es así. La mejor forma de reducir el caos vial, fue una idea de William Vickrey, un premio nobel de economía de origen canadiense. básicamente su planteamiento parte de que los conductores de vehículos particulares no podrían costear manejar por las ciudades, si realmente conocieran el costo que esto implica. Si bien es cierto, cuando manejamos sabemos lo que nos cuesta la gasolina, la depreciación del automóvil y hasta el tiempo que perdemos para transportarnos, no conocemos el monto total de nuestra acción (a lo que los economistas llaman externalidad) no tenemos en cuenta la congestión que creamos y el costo que imponemos a los demás conductores y en consecuencia abusamos de la utilización de las vías de comunicación pues son gratuitas, la solución según Vickrey es cobrarle al conductor por todos los servicios y por el impacto que su vehículo ejerce sobre el resto de los usuarios.

Cobrar al conductor por utilizar las vías públicas no es una novedad, ciudades como Singapur o Londres utilizan un sistema electrónico y sofisticado que garantiza que el trafico urbano este libre de embotellamientos. La construcción de un segundo piso en periférico puede estar plagada de buenas intenciones según la página del Fideicomiso para el Mejoramiento de las Vías de Comunicación del distrito Federal, pues reduce los costos de infraestructura ya creada, aprovecha el derecho de piso ya existente, redistribuye el tráfico, ahorra millones de dólares en horas perdidas por transportación y consumo de combustibles, no produce impacto ambiental, disminuye el estrés, mejora la salud de los habitantes, reduce las emisiones de CO2, estimula el uso de transporte público y aprovecha el uso de suelo. Todos estos “beneficios” fracasan si no se cobra un peaje por el uso e impacto de este servicio. El problema de hacer esto es que políticamente no es atractivo, imponer cuotas por transitar en las vías públicas puede ser impopular y ningún político lo va a permitir a menos que como ciudadanos estemos consientes que utilizar nuestro carro implica necesariamente un gasto y una externalidad que debemos pagar. Pagar por tener un vehículo, fue un razonamiento incorrecto que pareció ser correcto durante mas de 20 años en el país, por ello ahora, varios gobiernos que se han dado cuenta del error, han optado por eliminar el impuesto de la tenencia. Pagar por circular en vialidades conflictivas en horas pico y por generar caos vial, si es un razonamiento correcto.

Después de varias décadas, Vickrey tenía razón, la construcción de más carreteras casi nunca elimina las demoras en el tráfico, pero el cobro por congestión sí. La lucha contra la congestión no es una cuestión de convivencia, sino una necesidad para garantizar que la ciudad cumpla con su función más básica: congregar y comunicar a las personas.

Nos vemos en Twitter @cesar_hrg

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